jueves, 4 de agosto de 2016

Salud y Felicidad: el camino interior



A poco que nos pongamos a analizar, todos los seres deseamos estar sanos y felices. Gracias al avance de la ciencia, conjugada con la revalorización de antiguos conocimientos, esta oportunidad está hoy al alcance de nuestra mano.
En la cultura oriental, el buen médico no es aquél que nos sana, sino quien nos acompaña para mantenernos saludables y felices. Y esto sucede por dos o tres grandes conceptos.
Por un lado, nuestro organismo tiene per se todas las herramientas y  capacidades para mantenerse saludable: el estado de equilibrio donde cada parte afecta al todo. Se ve al cuerpo-mente-alma como una totalidad que tiende constantemente a buscar la armonía, tanto dentro de sí como con el medio ambiente (horas de día, ritmo de las estaciones, etc.). El Tao original: Yin y Yang.
Este concepto que nos parece tan antiguo, es lo que la medicina convencional y moderna llama homeostasis: el conjunto de fenómenos de regulación del organismo. Siguiendo esta idea, un buen médico es aquél a quien acudimos cuando padecemos algún dolor o malestar, y nos cura: los síntomas de la enfermedad desaparecen y volvemos a nuestras actividades y rutinas diarias. Nada ha cambiado. Y esto nos parece perfecto, y a los efectos prácticos, lo es. Salvo que, al regresar a nuestros hábitos, volvemos a caer en algún tipo de dolencia: migrañas, contracturas, stress, llegando a veces a transformarse en enfermedad.
¿Cómo hacemos, entonces, para mantener este equilibrio? Aquí es donde entra otro concepto de las medicinas no convencionales: el conocer cuáles son aquellos hábitos que guardan correspondencia con nuestra forma de ser, con el funcionamiento de nuestro cuerpo en particular, y ponerlos en práctica. Esto pone gran parte de la responsabilidad de nuestra salud en nuestras manos.
Además, de la adquisición de estos hábitos dependerá en gran medida nuestro estado de salud y felicidad.  Sí, felicidad. Ya que para este enfoque salud y felicidad, cuerpo y alma, son una unidad. La salud es un estado de autoconocimiento y coherencia, de adentro hacia afuera.
Esto no significa que no vayamos a enfermar. Agentes externos están constantemente poniendo en juego este delicado equilibrio. Habrá una parte de este equilibrio que estará resguardado por nuestra genética (la “energía del Cielo Anterior”), y otra por nuestra forma de vida y alimentación (la “energía del Cielo Posterior”-lo que ingerimos, lo que respiramos y lo que pensamos-). Lo primero, obviamente, lo traemos de nuestros padres y ancestros. Lo segundo, nuevamente, depende de cada uno de nosotros.

En este momento privilegiado, vivimos una fusión de estas dos grandes vertientes: los avances técnicos de las prácticas convencionales y el redescubrimiento de medicinas antiguas, avaladas hoy por estudios científicos. Estas últimas ponen a nuestra disposición un gran abanico de opciones para  nuestro bienestar físico, mental y espiritual, convirtiéndose  en una tendencia cada vez más utilizada y eficaz en la búsqueda de la salud y la felicidad. 

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