A poco que nos pongamos a analizar, todos los seres
deseamos estar sanos y felices. Gracias al avance de la ciencia, conjugada con
la revalorización de antiguos conocimientos, esta oportunidad está hoy al
alcance de nuestra mano.
En la cultura oriental, el buen médico no es aquél que
nos sana, sino quien nos acompaña para mantenernos saludables y felices. Y esto
sucede por dos o tres grandes conceptos.
Por un lado, nuestro organismo tiene per se todas las
herramientas y capacidades para
mantenerse saludable: el estado de equilibrio donde cada parte afecta al todo. Se
ve al cuerpo-mente-alma como una totalidad que tiende constantemente a buscar
la armonía, tanto dentro de sí como con el medio ambiente (horas de día, ritmo
de las estaciones, etc.). El Tao original: Yin y Yang.
Este concepto que nos parece tan antiguo, es lo que la
medicina convencional y moderna llama homeostasis: el conjunto de fenómenos de regulación
del organismo. Siguiendo esta idea, un buen médico es aquél a quien acudimos
cuando padecemos algún dolor o malestar, y nos cura: los síntomas de la
enfermedad desaparecen y volvemos a nuestras actividades y rutinas diarias.
Nada ha cambiado. Y esto nos parece perfecto, y a los efectos prácticos, lo es.
Salvo que, al regresar a nuestros hábitos, volvemos a caer en algún tipo de
dolencia: migrañas, contracturas, stress, llegando a veces a transformarse en
enfermedad.
¿Cómo hacemos, entonces, para mantener este
equilibrio? Aquí es donde entra otro concepto de las medicinas no
convencionales: el conocer cuáles son aquellos hábitos que guardan
correspondencia con nuestra forma de ser, con el funcionamiento de nuestro
cuerpo en particular, y ponerlos en práctica. Esto pone gran parte de la
responsabilidad de nuestra salud en nuestras manos.
Además, de la adquisición de estos hábitos dependerá
en gran medida nuestro estado de salud y felicidad. Sí, felicidad. Ya que para este enfoque salud
y felicidad, cuerpo y alma, son una unidad. La salud es un estado de autoconocimiento
y coherencia, de adentro hacia afuera.
Esto no significa que no vayamos a enfermar. Agentes
externos están constantemente poniendo en juego este delicado equilibrio. Habrá
una parte de este equilibrio que estará resguardado por nuestra genética (la
“energía del Cielo Anterior”), y otra por nuestra forma de vida y alimentación
(la “energía del Cielo Posterior”-lo que ingerimos, lo que respiramos y lo que
pensamos-). Lo primero, obviamente, lo traemos de nuestros padres y ancestros.
Lo segundo, nuevamente, depende de cada uno de nosotros.
En este momento privilegiado, vivimos una fusión de estas
dos grandes vertientes: los avances técnicos de las prácticas convencionales y
el redescubrimiento de medicinas antiguas, avaladas hoy por estudios
científicos. Estas últimas ponen a nuestra disposición un gran abanico de opciones
para nuestro bienestar físico, mental y
espiritual, convirtiéndose en una
tendencia cada vez más utilizada y eficaz en la búsqueda de la salud y la
felicidad.
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